"Donde florece la identidad": La familia según Edith Stein
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"Donde florece la identidad": La familia según Edith Stein

Guillermo Salinas - Facultad de Humanidades Depto. Formación Humanística Universidad FASTA

Introducción Compartimos aquí algunas reflexiones a partir de la figura de Edith Stein y su pensamiento, quien es la patrona de la Facultad de Humanidades de la Universidad F.A.S.T.A. Pero, antes de empezar, respondamos a la pregunta sobre quién fue Edith Stein o Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Edith Stein (Alemania, 1891), nacida en una familia de origen judío, fue estudiante de Psicología y Filosofía, carrera en la que obtuvo el Doctorado, siendo la primera mujer en Alemania en hacerlo. Abogó por los derechos de las mujeres, promovió el desarrollo de la pedagogía de su tiempo y ofreció su labor intelectual en el terreno de la política. Luego de un período de ateísmo en su juventud, optó por bautizarse en la Iglesia católica. Trabajó como docente (aunque no pudo hacerlo en cátedras universitarias, ya que no era permitido a las mujeres), fue conferencista, investigadora y traductora (por ejemplo, de obras del Cardenal Newman, de santo Tomás de Aquino o de Pseudo Dionisio Areopagita). Cerca de los cuarenta años, ingresó al Carmelo como monja. En 1942, mientras vivía en los Países Bajos, fue capturada por la Gestapo y luego gaseada en Auschwitz. Fue canonizada (1998) y declarada copatrona de Europa por el Papa san Juan Pablo II. En su autobiografía, Acerca de la vida de una familia judía (1932), Edith Stein hace frente al avance de la ideología antisemita totalitaria en Alemania, haciendo pública la vida íntima de su familia, que había sido conformada en torno a los valores religiosos de su pueblo y a los de la sociedad alemana, a la que servían con su labor familiar (cf. OC I, 150-152). Consideraba que así sería posible disuadir la imagen negativa que existía en el ojo popular respecto de las familias de origen judío por culpa de la propaganda nazi. Su teoría de las agrupaciones sociales En su juventud, Edith Stein se propuso distinguir filosóficamente los tipos de agrupaciones sociales que existen siguiendo la teoría del sociólogo Ferdinand Tönnies. Esta propuesta la realizó en el marco de la investigación que iba a presentar para intentar acceder a una cátedra universitaria, tal como era el uso de su época a través de las habilitaciones (Habilitation). El texto presentado tenía la gran pretensión de fundamentar filosóficamente la psicología y las ciencias del espíritu (entre la que podríamos encontrar la que hoy llamaríamos sociología). Este texto se tituló Contribuciones a la fundamentación filosófica de la psicología y de las ciencias del espíritu (cf. OC II), y se conformaba por los escritos Causalidad psíquica e Individuo y comunidad (1921). En este sentido, distinguía tres tipos de grupos sociales que nos serán útiles para comprender qué es la familia (cf. OC II, 450-490). En primer lugar, se encuentra la masa. Es una agrupación impersonal y anónima, donde las personas se ven influenciadas por fuerzas externas y pueden experimentar un sentimiento de anonimato. En este grupo social, los individuos se vinculan entre sí menos por lo que poseen en común que “por contagio”. En la masa se transmiten ideas, impulsos y sentimientos, pero desde el anonimato. De esta manera, no se ejerce el poder de decisión ni de pensamiento como sujetos libres, sino que se transmiten infundadamente aquellas ideas y creencias sin base alguna. Estas son luego asumidas por otros sin tener un motivo ni experiencia propios, y posteriormente vuelven a compartirse, estableciéndose como único lazo vincular entre individuos. Estos aparecen distanciados y sin velar por ningún objetivo o fin en común, a menos que un fin les sea impuesto para la obediencia. Edith Stein pudo haber visto esta agrupación en las distintas ideologías políticas totalitarias de su época. Hoy podríamos asociarlo a los nuevos modos de circulación de información, como las fake news. En segundo lugar, hallamos la sociedad. Se define por la coexistencia y el intercambio interpersonal, con una estructura más formal y regulada, pero con mayor distancia vincular entre los miembros, que pueden o no conocerse. En la sociedad, cada individuo trata a otro como objeto, como alguien de quien es importante obtener respuestas que sirvan como medio para alcanzar fines propios. En este sentido, la sociedad no vela por los fines de los individuos, mientras que los individuos sí velan por los suyos. Por tanto, la sociedad se orienta a un fin que trasciende a los individuos, sin asumir necesariamente sus fines particulares. Debido a esta distancia vincular, el conocimiento, los valores, los deseos y las prácticas no se comparten de manera estrecha, sino que existe una gran diversidad. Esto demuestra que la sociedad se apoya en relaciones comunitarias para su existencia y que hacia ese tipo de vínculos debe tender. El tercer tipo es la comunidad, que a la vez es el primero en términos de origen. Se caracteriza por la unión íntima y personal entre individuos, donde cada uno se siente responsable de sí mismo y de la comunidad. Como en un organismo, todos velan por el bien común, reconociendo que los fines comunitarios son también propios. Comparten un conocimiento mutuo y transmiten entre sí su comprensión del mundo, sus valores y deseos. Gracias a esta solidaridad interna, cada miembro se apropia de estos elementos según su propia identidad. Para que una comunidad florezca, es necesario que también florezca lo individual de cada miembro. En la comunidad se ofrecen las condiciones para que cada persona desarrolle su modo propio de ser. Así, cuanto más una comunidad favorece el desarrollo de sus miembros, mejor comunidad será, y al mismo tiempo, ese crecimiento personal enriquecerá a la comunidad misma. Auguste Courant: la influencia de la madre de Edith Auguste Courant Stein (1849-1936), madre de Edith, ejerció una gran influencia en su vida. Fue una mujer dinámica, inteligente, de fuerte carácter, convicción y entereza, rasgos que Edith también asumió. Tenía gusto por la literatura y los idiomas, y deseaba que sus hijos accedieran al mundo académico, lo cual lograron especialmente sus hijas menores. Respetuosa de otras religiones, estaba profundamente formada en el judaísmo. Provenía de una familia extensa y amorosa, valores que transmitió a sus hijos. Tras enviudar joven, se dedicó a la educación de sus siete hijos y a sostener el negocio familiar, que logró hacer prosperar. Incluso acompañó con amor la decisión de Edith de ingresar al Carmelo. Esta figura materna marcó profundamente la personalidad de Edith, fortaleciendo su carácter, su seguridad y su visión del rol de la mujer. La familia como comunidad Retomando los tres tipos de agrupaciones sociales, Edith Stein comprende la familia como una verdadera comunidad. En sus escritos de adultez, afirma que la familia es una de las comunidades más duraderas y estrechas, junto con el pueblo, el Estado y la Iglesia (cf. OC IV, 128; 131). Inspirándose en la encíclica Rappresentanti in terra (1929) de Pío XI, sostiene que “la educación es necesariamente un trabajo de comunidad”. En ella participan distintas comunidades —naturales y sobrenaturales— que se necesitan mutuamente para cumplir su misión formativa. Edith afirma que “individuo y comunidad no son algo acabado, están siempre haciéndose”. En la familia, el niño nace, crece y se desarrolla bajo su protección, mientras aprende a pensar, sentir y actuar con otros. Allí se da una formación integral que abarca el pensamiento, los afectos y la dimensión ética. El niño crece como miembro de la comunidad, pero también como individuo. Su identidad personal se va manifestando a través de sus acciones y experiencias, desarrollándose en interacción con la comunidad, pero conservando su singularidad. Edith también reconoce las dificultades que atraviesan las comunidades humanas, marcadas por el pecado y el mal. Sin embargo, sostiene que cada comunidad tiene un sentido querido por Dios y un rol específico en la humanidad. Entre ellas, la familia destaca por su carácter orgánico, donde los vínculos son más estrechos y fundamentales. Así, la familia aparece como el ámbito privilegiado donde cada persona puede desarrollarse plenamente, encontrando las condiciones necesarias para florecer en su identidad. Es el espacio originario donde se aprende a vivir, a vincularse y a crecer como persona. Referencias bibliográficas Stein, E. (2002). Obras completas, Vol. I. Escritos autobiográficos y cartas. El Carmen / Editorial de Espiritualidad / Monte Carmelo. Stein, E. (2003). Obras completas, Vol. IV. Escritos antropológicos y pedagógicos (Magisterio de vida cristiana: 1926-1933). El Carmen / Editorial de Espiritualidad / Monte Carmelo. Stein, E. (2005). Obras completas, Vol. II. Escritos filosóficos (etapa fenomenológica: 1915-1920). El Carmen / Editorial de Espiritualidad / Monte Carmelo.
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